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En muchas publicaciones se
habla generalmente del consumidor como si existiera un solo tipo, o si sus
gustos y preferencias estuvieran perfectamente definidos, por el contrario los
perfiles son específicos para cada tipo de persona. Se puede decir que una
tendencia general a un mayor consumo y variedad, el consumidor demanda calidad
en términos de apariencia, frescura, presentación así como valor nutritivo e inocuidad
en el mismo. En términos de servicios o satisfacción, que producen los
consumidores, se define como el grado de cumplimiento de un número de
condiciones que determinan su aceptación por el consumidor. La percepción del
sabor, aroma y textura que se produce al consumirlo es la evaluación final
donde se confirman las sensaciones percibidas al momento de la compra (este
mismo es el análisis sensorial hecho por el consumidor al momento de probarlo),
pero para que el consumidor se convenza de cuál es el producto que quiere
primero necesita ver las condiciones en las cual se encuentra el mismo y
necesita de apreciar el producto físicamente desde su color, hasta su textura
percibida por el tacto, cada uno de los
factores que pueden cambiar las expectativas del consumidor pueden ser físicos,
morfológicos, fisiológicos o incluso patológicos. El flavor es la combinación
de las sensaciones percibidas por la lengua (sabor o gusto) y por la nariz (el
aroma). Simultáneamente el acto de acercar a la boca, morderla, masticarla, y degustarla,
se desprenden sus aromas. Además de solo
apreciar las propiedades físicas del producto
también es de igual manera importante el valor nutritivo el cual no se puede
percibir a simple vista, si no atreves de diferentes pruebas técnicas hechas a
nivel celular para descubrir cuáles son sus proporciones en cuanto a vitaminas
y nutrientes. Para obtener la seguridad mencionada con anterioridad, es necesario
tener en cuenta que el mismo sea seguro para el consumo, esto consiste en
asegurarse que exista ausencia de sustancias dañinas para la salud y
tradicionalmente de plaguicidas sobre el producto. Esto tiene que ver con los factores
abióticos y bióticos presentes en el mismo. Para que un producto tenga una
mayor calidad se inicia desde antes de la obtención de la semilla, la selección
del terreno, su fertilidad y capacidad de riego, el control de maleza y
rotaciones. Es necesario tomar en cuenta los factores fisiológicos o
patológicos que puedan dañar al producto. Por otro lado comienza a ser evidente
que un enfoque sistemático, preventivo y económico para mejorar que eliminar
las unidades defectuosas al final de la línea para mejorar la calidad con ayuda
de las diferentes normas que rigen la calidad de los alimentos como son ISO
(organización Internacional Para Los Estándares) y HACCP (Análisis De Peligros
y Control De Puntos Críticos) gracias a ellas se lleva un control más rígido de
los estándares de la calidad.